reli2010 - LOS VIAJES DE PABLOS



LEER LOS VIAJES DE PABLO Y CONTESTAS LAS PREGUNTAS QUE SE ENCUENTRAN A CONTINUACION. ESCRIBIR EL RESUMEN EN EL CUADERNO.
1° VIAJE DE PABLO
HECHOS DE LOS APÓSTOLES 13, 1 – 14, 28
Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: «Sepárenme a Bernabé y a Saulo y envíenlos a realizar la misión para la que los he llamado.» Ayunaron e hicieron oraciones, les impusieron las manos y los enviaron.
Enviados por el Espíritu Santo, Bernabé y Saulo bajaron al puerto de Seleucia y de allí navegaron hasta Chipre. Llegados a Salamina, comenzaron a anunciar la Palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Juan les hacía de asistente. Atravesando toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago judío, un falso profeta llamado Bar-Jesús, que estaba con el gobernador Sergio Paulo,. Este hizo llamar a Bernabé y Saulo, pues deseaba escuchar la Palabra de Dios, pero el otro ponía trabas. Entonces Saulo, que no es otro que Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijó en él sus ojos y le dijo: «Tú, hijo del diablo, enemigo de todo bien, eres un sinvergüenza y no haces más que engañar. ¿Cuándo terminarás de torcer los rectos caminos del Señor? Pues ahora la mano del Señor va a caer sobre ti, quedarás ciego y no verás la luz del sol por cierto tiempo.»…. Al ver lo acontecido, el gobernador abrazó la fe, pues quedó muy impresionado por la doctrina del Señor.
Pablo y sus compañeros se embarcaron en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia. Allí Juan se separó de ellos y regresó a Jerusalén, mientras ellos, dejando Perge, llegaban a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron…
 En Iconio ocurrió lo mismo. Pablo y Bernabé entraron en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que un gran número de judíos y griegos abrazaron la fe. Los judíos que se negaron a creer excitaron y envenenaron los ánimos de los paganos contra los hermanos. Con todo, permanecieron allí un buen número de días. Predicaban sin miedo, confiados en el Señor, que confirmaba este anuncio de su gracia con las señales milagrosas y los prodigios que les concedía realizar. Un grupo compuesto de paganos y judíos, con sus jefes al frente, se preparó para ultrajar y apedrear a los apóstoles. Ellos, al enterarse, huyeron a la provincia de Licaonia, a las ciudades de Listra, Derbe y alrededores,  donde se quedaron evangelizando.
Había en Listra un hombre tullido, Un día, como escuchaba el discurso de Pablo y vio que aquel hombre tenía fe para ser sanado. Le dijo entonces en voz alta: «Levántate y ponte derecho sobre tus pies.» El hombre se incorporó y empezó a andar. Al ver la gente lo que Pablo había hecho, comenzó a gritar en la lengua de Licaonia: «¡Los dioses han venido a nosotros en forma de hombres!» Según ellos, Bernabé era Zeus y Pablo Hermes, porque era el que hablaba. Al escuchar esto, Bernabé y Pablo rasgaron sus vestidos para manifestar su indignación y se lanzaron en medio de la gente gritando: «Amigos, ¿qué hacen? Nosotros somos humanos y mortales como ustedes, y acabamos de decirles que deben abandonar estas cosas que no sirven y volverse al Dios vivo, que hizo el cielo, la tierra, Aun con estas palabras, difícilmente consiguieron que el pueblo no les ofreciera un sacrificio, y que volvieran cada uno a su casa. Quedaron allí algún tiempo enseñando. Llegaron unos judíos y Persuadieron a la gente a que les dieran la espalda y al final apedrearon a Pablo. Arrastraron fuera de la ciudad, convencidos de que ya estaba muerto. Pero sus discípulos se juntaron en torno a él, y se levantó. Entró en la ciudad, y al día siguiente marchó con Bernabé para Derbe.
Después de haber evangelizado esa ciudad, donde hicieron muchos discípulos, regresaron de nuevo a Listra y de allí fueron a Iconio y Antioquía. A su paso animaban a los discípulos y los invitaban a perseverar en la fe; En cada Iglesia les hacían designar presbíteros y, después de orar y ayunar, los encomendaban al Señor en quien habían creído.
Atravesaron la provincia de Pisidia y llegaron a la de Panfilia. 25 Predicaron la Palabra en Perge y bajaron después a Atalía. 26 Allí se embarcaron para volver a Antioquía, de donde habían partido encomendados a la gracia de Dios para la obra que acababan de realizar.  A su llegada reunieron a la Iglesia y les contaron todo lo que Dios había hecho por medio de ellos.
ACTIVIDAD:
1.      LEE EL TEXTO Y EXTRAE LOS LUGARES DONDE ESTUVO PABLO Y SUS COMPAÑEROS
2.      QUE ERA LO QUE ENSEÑABA PABLO EN SUS VIAJES Y COMO ERA RECIBIDO
3.      ¿QUE PRODIGIOS SE OBRABAN CON PABLO E HIZO QUE MUCHA GENTE CREA EN CRISTO?
4.      ¿QUE ENSEÑANZA LES DEJA LOS VIAJES DE PABLO?
2° VIAJE DE PABLO  (1°parte)
2do Viaje: HECHOS DE LOS APÓSTOLES 15, 36-18, 22
Un día Pablo dijo a Bernabé: «Volvamos a visitar a los hermanos y veamos cómo están ciudades donde hemos anunciado la Palabra del Señor.». Bernabé tomó consigo a Marcos y se embarcó rumbo a Chipre. Pablo, por su parte, eligió a Silas. Recorrió Siria y Cilicia confirmando a las Iglesias y entregando las decisiones de los presbíteros. Pablo se dirigió a Derbe y después a Listra. Había allí un discípulo llamado Timoteo, los hermanos de Listra e Iconio hablaban muy bien de él. Pablo quiso llevarlo consigo. A su paso de ciudad en ciudad iban entregando las decisiones tomadas por los apóstoles y presbíteros en Jerusalén y exhortaban a que las observaran.  Atravesaron Frigia y la región de Galacia, pues el Espíritu Santo no les dejó que fueran a predicar la Palabra en Asia. Atravesaron entonces Misia y bajaron a Tróade. Por la noche Pablo tuvo una visión: un macedonio que le suplicaba: «Ven a Macedonia y ayúdanos.» Comprendimos que el Señor nos llamaba para evangelizar a Macedonia.
Nos embarcamos en Tróade y navegamos rumbo a la isla de Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis. De allí pasamos a Filipos,. Nos detuvimos allí algunos días, y el sábado salimos a las afueras de la ciudad, donde Los judíos se reunían para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar con las mujeres que habían acudido. Una de ellas se llamaba Lidia Mientras nos escuchaba, el Señor le abrió el corazón. Recibió el bautismo junto con los de su familia, y luego nos suplicó: “…quédense en mi casa.» Y nos obligó a aceptar.
Mientras íbamos un día al lugar de oración, salió a nuestro encuentro una muchacha esclava que estaba poseída por un espíritu adivino Empezó a seguirnos gritando: «Estos hombres son siervos del Dios Altísimo y les anuncian el camino de la salvación.» Esto se repitió durante varios días, hasta que Pablo se cansó, Se volvió y dijo al espíritu: «En el nombre de Jesucristo te ordeno que salgas de ella» Y en ese mismo instante el espíritu la dejó. Al ver sus amos que con ello se esfumaban también sus ganancias, tomaron a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza ante el tribunal. Los oficiales mandaron arrancarles las ropas y los hicieron apalear. Después de haberles dado muchos golpes, los echaron a la cárcel. Hacia media noche Pablo y Silas estaban cantando himnos a Dios de repente se produjo un temblor tan fuerte; todas las puertas se abrieron de. Creyendo que los presos se habían escapado, sacó la espada para matarse, pero Pablo le gritó: «No te hagas daño, que estamos todos aquí.» El hombre se arrojó temblando a los pies de Pablo y Silas. Después los sacó fuera y les preguntó: «Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?» Le respondieron: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.» Le anunciaron la Palabra del Señor a él y a todos los de su casa. Se bautizó con toda su familia a aquella hora de la noche. Hicieron fiesta con todos los suyos por haber creído en Dios.
Por la mañana enviaron a unos oficiales con esta orden: «Deja en libertad a esos hombres.» «Los magistrados han dado orden de dejarlos en libertad. Salgan, pues, y marchen en paz.» Pero Pablo le contestó: «A nosotros, ciudadanos romanos, nos han azotado públicamente y nos han metido en la cárcel sin juzgarnos, ¿y ahora quieren echarnos fuera a escondidas? Eso no. Que vengan ellos a sacarnos.»
Los magistrados, que se llenaron de miedo al escuchar que eran ciudadanos romanos. Fueron a la prisión acompañados por un grupo de amigos de Pablo y les pidieron que se marcharan. Apenas dejaron la cárcel fueron a casa de Lidia. Allí se encontraron con los hermanos, a los que dieron ánimo antes de marcharse.
Pablo y Silas atravesaron Anfípolis y Apolonia, y llegaron a Tesalónica, donde los judíos tenían una sinagoga.   Fue a visitarlos y discutió con ellos, y les demostraba que el Mesías debía padecer y resucitar de entre los muertos. Algunos que se convencieron y formaron un grupo en torno a Pablo y Silas. Los judíos armaron un motín y alborotaron la ciudad. Aquella misma noche los hermanos enviaron a Pablo y Silas a la ciudad de Berea. Al llegar se dirigieron a la sinagoga de los judíos. y recibieron el mensaje con mucha disponibilidad. Un buen número de ellos abrazó la fe   Pero cuando los judíos de Tesalónica se enteraron de que Pablo estaba predicando la Palabra de Dios en Berea, fueron también allí para agitar al pueblo y crear disturbios. 
ACTIVIDAD:
1.      LEE EL TEXTO Y EXTRAE LOS LUGARES DONDE ESTUVO PABLO Y SUS COMPAÑEROS
2.      QUE ERA LO QUE ENSEÑABA PABLO EN SUS VIAJES Y COMO ERA RECIBIDO
3.       ¿QUE PRODIGIOS SE OBRABAN CON PABLO E HIZO QUE MUCHA GENTE CREA EN CRISTO?
4.      ¿QUE ENSEÑANZA LES DEJA LOS VIAJES DE PABLO?
2° VIAJE DE PABLO  (2°parte)
Pablo llega a Atenas: Mientras esperaba a sus hermanos el espíritu de Pablo  hervía viendo la ciudad plagada de ídolos. Empezó a tener contactos en la sinagoga con judíos y con griegos, hablaba también con los que diariamente se encontraban en las plazas de la ciudad. Lo tomaron, lo llevaron con ellos a la sala del Areópago y le preguntaron: «¿Podemos saber cuál es esa nueva doctrina que enseñas? Entonces Pablo se puso de pie en medio del Areópago, y les dijo: «Ciudadanos de Atenas, veo que son personas sumamente religiosas. Mientras recorría la ciudad contemplando sus monumentos sagrados, he encontrado un altar con esta inscripción: «Al Dios desconocido.» Pues bien, lo que ustedes adoran sin conocer, es lo que yo vengo a anunciarles. El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él no vive en santuarios fabricados por humanos, pues es Señor del Cielo y de la tierra, y tampoco necesita ser servido por manos humanas, pues ¿qué le hace falta al que da a todos la vida, el aliento y todo lo demás?...........
 Cuando oyeron hablar de resurrección de los muertos, unos empezaron a burlarse de Pablo, y otros le decían: «Sobre esto te escucharemos en otra ocasión.» Así fue como Pablo salió de entre ellos. Algunos hombres, sin embargo, se unieron a él y abrazaron la fe, entre ellos Dionisio, miembro del Areópago, una mujer llamada Dámaris y algunos otros.
Tiempo después Pablo dejó Atenas y se fue a Corinto. Allí se encontró con un judío llamado Aquila con su esposa Priscila. Pablo se acercó a ellos,  pues eran del mismo oficio y se dedicaban a fabricar tiendas. Y se quedó a vivir y a trabajar con ellos. Todos los sábados Pablo entablaba discusiones en la sinagoga, tratando de convencer tanto a los judíos como a los griegos.
Al llegar de Macedonia Silas y Timoteo, Pablo se dedicó por entero a la Palabra, y aseguraba a los judíos que Jesús era el Mesías. Como se oponían y le respondían con insultos, se sacudió el polvo de sus vestidos mientras les decía: «Nada tengo ya que ver con lo que les suceda; ustedes son los únicos responsables. En adelante me dirigiré a los paganos.»
Pablo cambió de lugar y se fue a la casa de un tal Tito Justo, de los que temen a Dios, que estaba pegada a la sinagoga. Crispo, uno de los dirigentes de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su familia; y de los corintios que escuchaban a Pablo, muchos creían y se hacían bautizar.
Una noche el Señor le dijo a Pablo en una visión: «No tengas miedo, sigue hablando y no calles, pues en esta ciudad me he reservado un pueblo numeroso. Yo estoy contigo y nadie podrá hacerte daño.» Pablo siguió enseñando entre ellos la Palabra de Dios, y permaneció allí un año y seis meses.
Siendo Galión gobernador de Acaya, los judíos acordaron unánimemente hacer una manifestación contra Pablo; lo llevaron ante el tribunal y lo acusaron: «Este hombre incita a la gente a que adoren a Dios de una manera que prohíbe nuestra Ley.»
Pablo iba a contestar, cuando Galión dijo a los judíos: «Judíos, si se tratara de una injusticia o de algún crimen, sería correcto que yo los escuchara. Pero como se trata de discusiones sobre mensajes, poderes superiores y sobre su Ley, arréglense entre ustedes mismos. Yo no quiero ser juez de tales asuntos. » Y los echó del tribunal. Pablo se quedó en Corinto todavía algún tiempo. Después se despidió de los hermanos y se embarcó para Siria, acompañado por Priscila y Aquila. Había hecho un voto, y solamente en el puerto de Cencreas se cortó el pelo. Así fue como llegaron a Efeso, y allí dejó que ellos se fueran.
 Pablo entró en la sinagoga y empezó a discutir con los judíos. Le rogaban que se quedara en Efeso por más tiempo, pero Pablo no aceptó, y se despidió de ellos con estas palabras: «Si Dios quiere, volveré de nuevo por aquí.» Y se fue de Efeso por mar.
22 Desembarcó en Cesarea. Subió a saludar a aquella Iglesia y después bajó a Antioquía. 23 Permaneció allí por algún tiempo, y luego se fue a recorrer, una ciudad tras otra, las regiones de Galacia y Frigia fortaleciendo a los discípulos.
ACTIVIDAD:
1.      LEE EL TEXTO Y EXTRAE LOS LUGARES DONDE ESTUVO PABLO Y SUS COMPAÑEROS
2.      QUE ERA LO QUE ENSEÑABA PABLO EN SUS VIAJES Y COMO ERA RECIBIDO
3.      ¿QUE PRODIGIOS SE OBRABAN CON PABLO E HIZO QUE MUCHA GENTE CREA EN CRISTO?
4.      ¿QUE ENSEÑANZA LES DEJA LOS VIAJES DE PABLO?
3° VIAJE DE PABLO (1° parte)
HECHOS DE LOS APÓSTOLES 18, 23-21, 15
Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo llegó a Efeso atravesando las regiones altas; encontró allí a algunos discípulos y les preguntó: «¿Recibieron el Espíritu Santo cuando abrazaron la fe?» Le contestaron: «Ni siquiera hemos oído decir que se reciba el Espíritu Santo.» Pablo les replicó: «Entonces, ¿qué bautismo han recibido?» Respondieron: «El bautismo de Juan.» Entonces Pablo les explicó: «Si bien Juan bautizaba con miras a un cambio de vida, pedía al pueblo que creyeran en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús.» Al oír esto se hicieron bautizar en el nombre del Señor Jesús, y al imponerles Pablo las manos, el Espíritu Santo bajó sobre ellos y empezaron a hablar lenguas y a profetizar. Eran unos doce hombres. Tomaba aparte a sus discípulos y diariamente les enseñaba desde las once hasta las cuatro de la tarde. Hizo esto durante dos años, de tal manera que todos los habitantes de la provincia de Asia, tanto judíos como griegos, pudieron escuchar la Palabra del Señor.
 Dios obraba prodigios extraordinarios por las manos de Pablo, hasta tal punto que imponían a los enfermos pañuelos o ropas que él había usado, y mejoraban. También salían de ellos los espíritus malos. Incluso algunos judíos ambulantes que echaban demonios, trataron de invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: «Yo te ordeno en el nombre de ese Jesús a quien Pablo predica.»
Entre los que hacían esto estaban los hijos de un sacerdote judío, llamado Escevas. Un día entraron en una casa y se atrevieron a hacer eso,  pero el espíritu malo les contestó: «Conozco a Jesús y sé quién es Pablo, pero ustedes, ¿quiénes son?»  Y el hombre que tenía el espíritu malo se lanzó sobre ellos, los sujetó a ambos y los maltrató de tal manera que huyeron de la casa desnudos y malheridos.  La noticia llegó a todos los habitantes de Efeso, tanto judíos como griegos. Todos quedaron muy atemorizados, y el Nombre del Señor Jesús fue tenido en gran consideración. Muchos de los que habían aceptado la fe venían a confesar y exponer todo lo que antes habían hecho. No pocos de los que habían practicado la magia hicieron un montón con sus libros y los quemaron delante de todos. De esta forma la Palabra de Dios manifestaba su poder, se extendía y se robustecía. Cuando se calmó el tumulto, Pablo mandó llamar a sus discípulos para animarlos. Se despidió de ellos y se fue a Macedonia. Después de recorrer aquellas regiones, en las que multiplicó sus predicaciones para confortar a los discípulos, llegó a Grecia. Pasó allí tres meses y luego pensó en volver a Siria por barco. Pero supo que los judíos tramaban algo contra él, y decidió regresar por Macedonia.
 Algunos acompañaban a Pablo: Sópatros, hijo de Pirro, de Berea; Aristarco y Segundo, de Tesalónica; Gayo, de Derbe, y Timoteo; Tíquico y Trófimo, de Asia. Todos estos se fueron por delante y nos esperaron en Tróade.
Nosotros nos embarcamos en Fiipos apenas terminaron las fiestas de los Panes Azimos. Cinco días después nos reunimos con ellos en Tróade, donde nos detuvimos siete días.
El primer día de la semana estábamos reunidos para la fracción del pan, y Pablo, que debía irse al día siguiente, comenzó a conversar con ellos. Pero su discurso se alargó hasta la medianoche. Un joven, llamado Eutico, estaba sentado en el borde de la ventana, y como Pablo no terminaba de hablar, el sueño acabó por vencerle. Se durmió y se cayó desde el tercer piso al suelo. Lo recogieron muerto.
Pablo, entonces, bajó, se inclinó sobre él, y después de tomarlo en sus brazos, dijo: «No se alarmen, pues su alma está en él.» Subió de nuevo, partió el pan y comió. Luego siguió conversando con ellos hasta el amanecer, y se fue. En cuanto al joven, lo trajeron vivo, lo que fue para todos un gran consuelo.
Nosotros tomamos el barco para Aso; debíamos llegar antes que Pablo y recogerlo allí, pues se había decidido que él haría el viaje por tierra.  Efectivamente, nos encontró en Aso. Subió a la nave con nosotros y llegamos a Mitilene. Al día siguiente zarpamos y llegamos a Quíos. Al otro día llegamos a Samos y un día después a Mileto, con una escala en Trogilón. Pablo había decidido no hacer escala en Efeso ni demorarse más en Asia, pues, de ser posible, quería estar en Jerusalén para el día de Pentecostés.
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2.      QUE ERA LO QUE ENSEÑABA PABLO EN SUS VIAJES Y COMO ERA RECIBIDO
3.      ¿QUE PRODIGIOS SE OBRABAN CON PABLO E HIZO QUE MUCHA GENTE CREA EN CRISTO?
4.      ¿QUE ENSEÑANZA LES DEJA LOS VIAJES DE PABLO?
3° VIAJE DE PABLO (2°parte)
Desde Mileto Pablo envió un mensaje a Efeso para convocar a los presbíteros de la Iglesia. Les dijo: «Ustedes han sido testigos de mi forma de actuar durante todo el tiempo que he pasado entre ustedes, desde el primer día que llegué a Asia. He servido al Señor con toda humildad, entre las lágrimas y las pruebas que me causaron las trampas de los judíos. Saben que nunca me eché atrás cuando algo podía ser útil para ustedes. Les prediqué y enseñé en público y en las casas, exhortando con insistencia tanto a judíos como a griegos a la conversión a Dios y a la fe en Jesús, nuestro Señor.
Ahora voy a Jerusalén, atado por el Espíritu, sin saber lo que allí me sucederá; solamente que en cada ciudad el Espíritu Santo me advierte que me esperan prisiones y pruebas. Pero ya no me preocupo por mi vida, con tal de que pueda terminar mi carrera y llevar a cabo la misión que he recibido del Señor Jesús: anunciar la Buena Noticia de la gracia de Dios.
Ahora sé que ya no me volverán a ver ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino. Por eso hoy les quiero declarar que no me siento culpable si ustedes se pierden, pues nunca ahorré esfuerzos para anunciarles plenamente la voluntad de Dios. Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha puesto como obispos (o sea, supervisores): pastoreen la Iglesia del Señor, que él adquirió con su propia sangre. Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño. De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas. Ahora los encomiendo a Dios y a su Palabra, portadora de su gracia, que tiene eficacia para edificar sus personas y entregarles la herencia junto a todos los santos. De nadie he codiciado plata, oro o vestidos. Miren mis manos: con ellas he conseguido lo necesario para mí y para mis compañeros, como ustedes bien saben. Con este ejemplo les he enseñado claramente que deben trabajar duro para ayudar a los débiles. Recuerden las palabras del Señor Jesús: «Hay mayor felicidad en dar que en recibir.» Dicho esto, Pablo se arrodilló con ellos y oró. Entonces empezaron todos a llorar y le besaban abrazados a su cuello.  Todos estaban muy afligidos porque les había dicho que no le volverían a ver. Después lo acompañaron hasta el barco.
Cuando llegó la hora de partir, nos separamos a la fuerza de ellos y nuestro barco salió rumbo a Cos. Al día siguiente llegamos a Rodas, y de allí, a Pátara, donde encontramos otro barco que estaba para salir hacia Fenicia. Subimos a bordo y partimos. Divisamos la isla de Chipre y, dejándola a la izquierda, navegamos rumbo a Siria. Atracamos en Tiro aquí encontramos a los discípulos y nos detuvimos siete días.
Advertían a Pablo con mensajes proféticos que no subiera a Jerusalén; pero a pesar de ello, cuando llegó la fecha en que debíamos marchar, partimos. Nos acompañaron todos con sus mujeres y niños hasta fuera de la ciudad, y llegados a la playa, nos arrodillamos y oramos. Después de los abrazos subimos a la nave.
De Tiro fuimos a Tolemaida, terminando así nuestra travesía. Saludamos a los hermanos y nos quedamos un día con ellos. Al día siguiente nos dirigimos a Cesarea. Entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, y nos hospedamos allí; tenía cuatro hijas que se habían quedado vírgenes y tenían el don de profecía.
Llevábamos allí algunos días, cuando nos salió al encuentro un profeta de Judea, llamado Agabo. Se acercó a nosotros, tomó el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos y dijo: «Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos al dueño de este cinturón y lo entregarán en manos de los extranjeros.»
Al oír esto, nosotros y los de Cesarea rogamos a Pablo que no subiera a Jerusalén. Pero él nos contestó: «¿Por qué me destrozan el corazón con sus lágrimas? Yo estoy dispuesto no sólo a ser encarcelado, sino también a morir en Jerusalén por el Nombre del Señor Jesús.» Como no logramos convencerlo, dejamos de insistir y dijimos: «Hágase la voluntad del Señor.» Pasados aquellos días, terminamos los preparativos del viaje y subimos a Jerusalén. Algunos discípulos de Cesarea que nos acompañaban nos llevaron a casa de un chipriota, llamado Nasón, discípulo desde los primeros tiempos, donde nos íbamos a hospedar.
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1.      LEE EL TEXTO Y EXTRAE LOS LUGARES DONDE ESTUVO PABLO Y SUS COMPAÑEROS
2.      QUE ERA LO QUE ENSEÑABA PABLO EN SUS VIAJES Y COMO ERA RECIBIDO
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4° VIAJE DE PABLO
4to viaje: He 27, 1-28, 28
Cuando se decidió que nos debíamos embarcar rumbo a Italia, Pablo y otros prisioneros fueron entregados a un tal Julio, capitán del batallón Augusto. Subimos a bordo de un barco de Adrumeto que se dirigía a las costas de Asia y zarpamos; nos acompañaba Aristarco, un macedonio de la ciudad de Tesalónica. Llegamos a Sidón al día siguiente. Julio se mostró muy humano con Pablo y le permitió visitar a sus amigos y que pudieran atenderle. Partiendo de allí nos desviamos hacia Chipre, pues los vientos eran contrarios. Atravesamos los mares de Cilicia y Panfilia y llegamos a Mira de Licia.  Allí el capitán encontró un barco de Alejandría que se dirigía a Italia, y nos hizo subir a bordo.
Durante varios días navegamos lentamente, y con muchas dificultades llegamos frente a Cnido. Como el viento no nos dejaba entrar en ese puerto, navegamos al abrigo de Creta, dando vista al cabo Salmón. Lo costeamos con dificultad y llegamos a un lugar llamado Puertos Buenos, cerca de la ciudad de Lasea. El tiempo transcurría; ya había pasado la fiesta del Ayuno y la navegación empezaba a ser peligrosa.  Entonces Pablo les dijo: «Amigos, yo veo que la travesía es muy arriesgada, y vamos a perder no sólo la carga y la nave, sino también nuestras vidas.»  Pero el oficial romano confiaba más en el piloto y en el patrón del barco que en las palabras de Pablo. 12 Como además este puerto era poco apropiado para pasar el invierno, la mayoría acordó partir, esperando alcanzar, con un poco de suerte, el puerto de Fénix, que está abierto hacia el suroeste y el noroeste, y donde pensaban pasar el invierno.
Comenzó entonces a soplar un ligero viento del sur, y pensaron que lograrían su objetivo. Levaron anclas y costearon la isla de Creta. Pero poco después la isla fue barrida por un viento huracanado que llaman Euroaquilón. El barco fue arrastrado y no se logró hacer frente al viento, de manera que nos quedamos a la deriva. Mientras pasábamos al abrigo de una pequeña isla llamada Cauda, logramos con mucho esfuerzo recuperar el bote salvavidas.  Una vez subido a bordo, hubo que asegurar el casco ciñéndolo por debajo con cables. Ante el peligro de encallar en las arenas de Sirte, soltaron el ancla flotante y nos dejamos arrastrar.
El temporal era tan violento que al día siguiente tuvieron que arrojar al agua parte del cargamento.  Al tercer día los marineros arrojaron al mar con sus propias manos también el aparejo del barco.  Como la tempestad seguía con la misma violencia, los días pasaban y no se veían ni el sol ni las estrellas: estábamos perdiendo ya toda esperanza.
Como hacía días que no comíamos, Pablo se puso en medio y les dijo: «Amigos, ustedes tenían que haberme escuchado y no salir de Creta, pues nos habríamos ahorrado este peligro y esta pérdida. Pero ahora los invito a que recobren el ánimo; sepan que se va a perder el barco, pero no habrá pérdida de vidas.  Anoche estuvo a mi lado un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo,  y me dijo: «Pablo, no tengas miedo: comparecerás ante el César, y Dios te concede la vida de todos los que navegan contigo.»  Animo, pues, amigos míos: yo confío en Dios y todo sucederá tal como me ha dicho. Acabaremos en alguna isla.»
Hacía ya catorce noches que éramos arrastrados a la deriva por el mar Adriático, cuando hacia la medianoche los marineros presintieron la proximidad de tierra. Midieron la profundidad del agua, y era de treinta y siete metros. Poco después la midieron de nuevo, y era de veintisiete metros. Temerosos de que fuéramos a chocar contra unas rocas, tiraron cuatro anclas desde la popa y esperaron ansiosamente a que amaneciera. 30 En cierto momento los marineros intentaron huir del barco y bajaban el bote salvavidas al mar como si quisieran alargar los cables de las anclas de proa. 31 Pero Pablo dijo al capitán y a los soldados: «Si esos hombres abandonan el barco, ustedes no se salvarán.» Entonces los soldados cortaron las amarras del bote y lo dejaron caer al agua.
Como aún no amanecía, Pablo los invitó a que se alimentaran, diciéndoles: «Hace catorce días que no tomamos nada; no hacemos más que esperar y permanecemos en ayunas.  Si quieren salvarse, ¿por qué no comen? Les aseguro que ninguno de ustedes perecerá, y ni siquiera uno de sus cabellos se perderá.» Dicho esto tomó pan, dio gracias a Dios delante de todos, lo partió y se puso a comer.  Los otros se animaron y al fin todos se pusieron a comer. En total éramos (doscientas) setenta y seis personas en el barco. 38 Una vez satisfechos, tiraron el trigo al mar para reducir el peso del barco. Cuando amaneció no reconocieron la tierra, pero divisaron una bahía con su playa, y acordaron hacer lo posible por encallar en ella el barco. Soltaron las anclas y las dejaron caer al mar mientras aflojaron las cuerdas de los timones; izaron al viento la vela delantera y se dejaron arrastrar hacia la playa. Pero chocaron contra un banco de arena y el barco quedó encallado: la proa se clavó y quedó inmóvil, mientras la popa se iba destrozando por los golpes violentos de las olas. Entonces los soldados pensaron en dar muerte a los presos por temor a que alguno se escapara nadando. Pero el capitán, que quería salvar a Pablo, no se lo permitió. Ordenó que los que supieran nadar se tiraran los primeros al agua y se dirigieran a la playa; los demás se agarrarían a tablones o a restos de la nave. Así todos llegamos sanos y salvos a tierra.
CAPITULO 28
Una vez a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. Los nativos nos trataron con una cordialidad poco común, encendieron una gran hoguera y nos cuidaron a todos, ya que llovía y hacía frío.
Pablo había juntado una brazada de ramas secas y, al echarlas al fuego, una víbora que escapaba del calor se le enroscó en la mano. Al ver los nativos a la víbora colgando de la mano de Pablo, se dijeron unos a otros: «Sin duda éste es un asesino. Aunque se haya salvado del mar, la justicia divina no lo deja vivir.» Pero Pablo sacudió la víbora echándola al fuego y no sufrió daño alguno. Pensaban que se iba a hinchar o caer muerto de repente, pero después de esperar largo rato, vieron que no le pasaba nada. Entonces cambiaron de parecer y decían que era un dios.
Los terrenos cercanos pertenecían al hombre principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y hospedó amigablemente tres días. Precisamente el padre de Publio estaba en cama con fiebre y disentería. Pablo entró a verlo, oró, le impuso las manos y lo sanó. A consecuencia de esto todos los enfermos de la isla acudieron a él y fueron sanados; luego nos colmaron de atenciones y, al marchar, nos proveyeron de todo lo necesario.
Al cabo de tres meses subimos a bordo de un barco de Alejandría que había pasado el invierno en la isla y llevaba por insignia los Dióscuros. Navegamos hacia Siracusa, donde permanecimos tres días. De allí, bordeando la costa, llegamos a Regio. Al día siguiente comenzó a soplar el viento sur, y al cabo de dos días llegamos a Pozzuoli. Allí encontramos algunos hermanos que nos invitaron a quedarnos una semana con ellos, y así es como llegamos a Roma. Allí los hermanos salieron a nuestro encuentro hasta el Foro Apio y Tres Tabernas, pues ya tenían noticia de nuestra llegada. Pablo, al verlos, dio gracias a Dios y se llenó de ánimo.  Llegados a Roma, el capitán entregó los presos al gobernador militar, pero dio permiso a Pablo para alojarse en una casa particular con un soldado que lo vigilara.
Tres días después Pablo convocó a los judíos principales. Una vez reunidos, les dijo: «Hermanos, acaban de traerme preso de Jerusalén. He sido entregado a los romanos sin que yo haya ofendido a las autoridades de nuestro pueblo ni las tradiciones de nuestros padres. Los romanos querían dejarme en libertad después de haberme interrogado, pues no encontraban en mí nada que mereciera la muerte. Pero los judíos se opusieron y me vi obligado a apelar al César, sin la menor intención de acusar a las autoridades de mi pueblo.
Por este motivo yo quise poder verlos y conversar con ustedes, pues en realidad, por la esperanza de Israel yo llevo estas cadenas.»
Le respondieron: «Nosotros no hemos recibido ninguna carta de Judea referente a ti, y ninguno de los hermanos que han venido de allá nos ha dicho o transmitido mensaje alguno contra ti. Pero nos gustaría escuchar de ti mismo cómo te defines, pues sabemos que esa secta encuentra oposición en todas partes.»

 Fijaron con él un día y vinieron en gran número donde se hospedaba. Pablo les hizo una exposición; desde la mañana hasta la noche les habló del Reino de Dios, partiendo de la Ley de Moisés y los Profetas, y trataba de convencerlos acerca de Jesús. Unos se convencían por sus palabras y otros no. Al final los judíos se retiraron muy divididos. Pablo los despidió con estas palabras: «Es muy acertado lo que dijo el Espíritu Santo cuando hablaba a sus padres por boca del profeta Isaías: Ve al encuentro de este pueblo y dile: Por más que oigan no entenderán, y por más que miren no verán. El corazón de este pueblo se ha endurecido. Se han tapado los oídos y cerrado los ojos; tienen miedo de ver con sus ojos y de oír con sus oídos, pues entonces comprenderían y se convertirían, y yo los sanaría. Por eso sepan que esta salvación de Dios ya ha sido proclamada a los paganos; ellos la escucharán.» ( 29 )
Pablo, pues, arrendaba esta vivienda privada y permaneció allí dos años enteros. Recibía a todos los que lo venían a ver, proclamaba el Reino de Dios y les enseñaba con mucha seguridad lo referente a Cristo Jesús, el Señor, y nadie le ponía trabas.
ACTIVIDAD:
1.      LEE EL TEXTO Y EXTRAE LOS LUGARES DONDE ESTUVO PABLO Y SUS COMPAÑEROS
2.      QUE ERA LO QUE ENSEÑABA PABLO EN SUS VIAJES Y COMO ERA RECIBIDO
3.      ¿QUE PRODIGIOS SE OBRABAN CON PABLO E HIZO QUE MUCHA GENTE CREA EN CRISTO?
4.      ¿QUE ENSEÑANZA LES DEJA LOS VIAJES DE PABLO?

RESUMEN:
San Pablo es el mejor ejemplo de ser testigo de Cristo, fue un ciudadano romano por haber nacido en Tarso de Cilicia, ciudad griega; fue descendiente de la tribu de Benjamín, educado como judío fariseo, conocedor de las Sagradas Escrituras y de las leyes; y perseguidor de los cristianos.
Después del episodio de su conversión, Pablo se mantuvo en oración y meditación durante tres años; luego se dedicó a ser el “mensajero de Dios”. Durante toda su misión visitó muchas ciudades y convirtió a muchos pueblos idólatras en seguidores de Cristo, siendo sus compañeros de evangelización Bernabé y Silas.
Pablo realizó cuatro viajes, en los cuales predicó y convirtió a muchos paganos (gentiles) en cristianos. Estos viajes son narrados en el Nuevo Testamento:
1er Viaje: He 13, 1-14, 28
2do Viaje: He 15, 36-18, 22
3er viaje: He 18, 23-21, 15
4to viaje: He 27, 1-28, 28
El ilustre evangelista cubrió aproximadamente 13,000 millas (21,710 kilómetros) en todas sus andanzas. El admirable propósito de "no edificar sobre fundamento ajeno", ¿cuántos obreros lo tenemos en actualidad?

ILUSTRAR LOS VIAJES DE PABLO.
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